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Sociedad

Escuela: cuando la IA provoca humillación

Por María Belén Salgado · 19 de octubre, 2026 · 3 min de lectura

Escuela: cuando la IA provoca humillación

Nuevamente otro caso de agresión e invasión a la privacidad se ha registrado ahora en el Colegio Modelo de Lomas de Zamora, donde un grupo de alumnas modificaron con IA fotos de sus compañeras, publicando fotos desnudas en redes.

En edad adolescente manejarse en grupo forma parte de lo diario, donde los jóvenes aprenden a socializar, compararse con los demás y se aprenden los códigos de convivencia por formar parte del mismo.

Frente a una situación de invasión a la privacidad en forma compulsiva y sin autorización la primera sensación que aparece es la traición de un par, de alguien que seguramente conoce, quiebra su confianza con el entorno, dejando espacio a la humillación y la vergüenza.

A partir de aquí surgen muchas preguntas en silencio y a veces buscando el aislarse del entorno, como ¿Quiénes vieron las imágenes? ¿Qué alcance tuvo la publicación?, explicar que no es su cuerpo seguramente no alcanzara a cubrir y reconfortar su autoestima como tampoco dejar de preguntarse en quien puede confiar a partir de ahora.

No todo termina con borrar una foto, para la victima queda atravesar el miedo y la sensación de quedar expuesto al alcance de cualquiera.

Debemos decir, que usar la sexualidad o el cuerpo del otro para ganar prestigio ante el grupo o ejercer poder mal entendido, no comenzó con la llegada de la IA. La tecnología solo facilita tener mayor cantidad de herramientas al alcance de todos para mal utilizarla, como en estos casos, sin siquiera ser totalmente concientes del enorme daño que se le causa al otro y solo quedarse en con el termino de broma o travesura.

Si un chico/a utiliza la IA para generar una imagen sexual de una compañera, no podemos quedarnos solo en “son cosas de chicos” como tampoco en “no sabía lo que hacía”.

La escuela debe proteger a quien sufrió el daño, hablar con las familias involucradas de un lado y del otro y activar el protocolo correspondiente a estos casos. El costo no lo debe pagar la víctima, quienes participaron tienen que tener consecuencias educativas institucionales y cuando corresponda legales.

Educar no siempre se resuelve con una charla, educar muchas veces es poner límites, el joven que ha generado el daño necesita adultos que lo ayuden a entender el alcance del daño que ha generado y que sus actos tienen consecuencias.

Tiene que haber adultos dispuestos a mirar de frente lo sucedido, colaborar con la escuela y ayudar a ese hijo a comprender la responsabilidad de sus actos.

El fondo de la situación es el siguiente: el otro tiene límites y no debemos ni tenemos el derecho de invadir su privacidad.

Una vez más la escuela parece encontrarse sola frente a esta realidad de violencia virtual, cuando la justicia viene atrasada en penalizaciones virtuales ante la tecnología que avanza a pasos agigantados, sumado a plataformas y empresas tecnológicas que también tienen responsabilidad y en las cuales evidentemente ya no alcanza solo hacer conocer los términos de uso.

Mientras todos se señalan entre sí, hechos como este siguen ocurriendo, una persona que sufre mientras otros deciden qué hacer con esta invasión a la privacidad.

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