De la escuela como segundo hogar, a espacio de conflicto
Por María Belén Salgado · 4 de agosto, 2026 · 3 min de lectura

"Donde hay una escuela, hay una esperanza" (D.F. Sarmiento). La educación para Sarmiento era el pilar fundamental que significaba liberar a las personas del peso de la ignorancia, buscaba formar futuros ciudadanos responsables capaces de contribuir al bienestar colectivo. Creía que educar no solo es transmitir conocimiento, sino también liberar potenciales humanos atrapados en circunstancias adversas. Ahora bien, han pasado años desde este punto de partida educativo y me pregunto… ¿Cómo nos perdimos en el camino?
El cambio de la sociedad a través de las últimas décadas ha ido corriendo a la escuela de su función pedagógica, transmisora de valores, de su vínculo con las familias y en consecuencia con los alumnos. Por un lado, tenemos la incorporación de la tecnología en las escuelas, con fines pedagógicos, más el irrestricto uso de celulares en muchos hogares, donde todo tipo de información está al alcance de todos, sean adultos, jóvenes y niños a través de redes, y si está allí posee el valor de verdad casi absoluta. En mi humilde entender, han hecho el resto del quiebre vincular escuela-familia.
Las cadenas de padres de WhatsApp son útiles hasta cierto punto, pero la mayoría de las veces se convierten en el corre, ve y dile entre los mismos padres. Por consiguiente, los padres han ido acercándose, no solo a los docentes sino también a los directivos, con reclamos de todo tipo sobre la enseñanza ejercida a sus hijos, la falta de respeto de los docentes para con los alumnos o excesos de exigencia en las tareas pedidas.

Así es que hemos llegado al punto en el cual de considerar a la escuela como 2do hogar, hoy en día se ha ido convirtiendo en un espacio de conflicto. De modo que sería necesario que recordemos entre todos cuál es el rol, la función y responsabilidad docente durante las 4 horas diarias dentro del salón de clase, dentro de un entorno social donde aparece la ilusión de que las redes mandan.
El docente sí tiene bajo su responsabilidad el construir un ambiente donde aprender sea posible. Esto hace que su tarea se extienda a su casa buscando las mejores estrategias pedagógicas para alcanzar esa meta. Pero en medio del caos, no se logra. No debe confundirse autoridad docente con autoritarismo: no se trata de imponer miedo sino de construir un ambiente donde se puedan escuchar entre todos, lo que dice el docente y lo que puedan ir aportando los alumnos.

Sin embargo, para poder aprender, la mente tiene que estar concentrada en escuchar, mirar, para registrar datos y sintetizarlos. El aprendizaje real se da en un ambiente donde el silencio acompañe y colabore en la concentración mental. En la actualidad esa sola y necesaria condición es difícil de alcanzar cuando el alumno sigue con el celular en la mano, no permitiendo a su mente estar en silencio, su mente sigue en el caos de la información por redes y el objetivo de aprender en el aula se pierde.
Y aquí entramos en un tema incómodo para muchos, que son las sanciones y los límites. Se ha borrado del pizarrón de las escuelas el respeto y los límites. Hoy en día son los padres los primeros en cuestionar y faltar el respeto al personal educativo ante el menor límite. Y si bien la educación es política, esto no depende de un partido político, porque la educación en valores y el respeto nacen en casa, no en un ministerio.




